Siguiendo
la línea de la primera entrada, reflexionemos ahora sobre cuál ha de ser el pensamiento imperante en la sociedad para que se
produzca un cambio de paradigma. Básicamente, sería necesario un cambio de
mentalidad por parte de todo ser humano. Conseguir que, sin importar qué raza
seas, cuál religión sigas, o en qué fronteras vivas, todos entendamos que somos
parte de algo mayor, y que tenemos que estar unidos por ello. Por ello me
gustaría aventurarme hacia la posibilidad de abrir los ojos al menos a aquellos
que lean este blog, y puedan entender cómo se ha de pensar y de vivir para
estar en consonancia con nuestro planeta.
Los seres humanos no somos entes
independientes, sino parte de la Tierra. Existe un problema
generalizado en la mayoría de las culturas, y es ese punto de vista
egocéntrico, en dónde nos analizamos a nosotros mismos como entes diferentes.
Los seres humanos nos encontramos también dentro del gigantesco ecosistema que
es el planeta Tierra, y somos parte de ella. No una parte independiente, somos
una parte más de la Tierra.
Si
establecemos el supuesto de que la
Tierra es un ente vivo en sí, que posee conciencia, al igual que nosotros,
todo se podría entender de otra manera. Primero he de explicar la posibilidad
de que la Tierra tiene conciencia, para que el lector no se atasque en este
punto. Intenta imaginar cómo, un perro, un gato o cualquier animal que no sea
un ser humano, pueda darse cuenta de que nosotros los humanos tenemos
conciencia. Básicamente es imposible, porque es algo que se encuentra en
nuestro interior. Se podría pensar que el hecho de comunicarnos, o el escribir,
pudiera demostrar que tenemos conciencia. Pero para que el hecho de
comunicarse, tanto verbalmente como de manera escrita, pueda tener un sentido,
se necesita a otra persona de nuestra misma especie que entienda nuestra manera
de expresarnos. O sea, que un animal nunca podrá llegar a saber que poseemos
conciencia. Por lo tanto, nosotros los humanos no podemos saber (al menos de
momento) si la Tierra tiene conciencia en sí misma.
Imaginemos
ahora que sí que la posee. Que conoce lo que ocurre en ella, y se encuentra
aprendiendo y conociéndose a sí misma, siempre mediante casos de prueba y error.
Que ha ido acumulando toda la información de lo que ha ido sucediendo. Por ello
cuando apareció en ella la primera célula, fue aprendiendo y viendo cómo ella
misma crecía y vivía cosas mediante la evolución de esa primera célula hasta
seres mucho más complejos, capaces de vivir muchas más cosas. Este punto de
esta teoría sería el mismo que la que en su momento explicó Charles Darwin en
su teoría de la evolución, pero que en
vez de ser el azar el motor de dicha evolución, es el propio ente que tiene
conciencia y que se encuentra evolucionando. La Tierra.
Dentro
del fenómeno evolutivo llegan los seres humanos. Sub-entes dentro del ente
mismo que tiene muchas funcionalidades iguales al ente superior de quien es
parte. Esto hace que el fenómeno de conocerse a sí mismo y de todas las
posibilidades a los que puede llegar la Tierra se consigan en mucho menos
tiempo. Porque los seres humanos somos
técnicos, y tenemos la capacidad de modificarnos (uso la primera persona
del plural para entender que el ser humano no es independiente de la Tierra,
sino que es ella misma con una capacidad mayor de aprendizaje, punto al que ha
llegado la Tierra mediante su propia evolución, por lo que al modificar lo que
nosotros denominamos entorno, estamos modificándonos y conociéndonos). El ser humano es el propio proceso de
evolución en sí mismo. Lo único que nos falta para que todos vayamos hacia
un mismo objetivo, es considerarnos a todos y a todo como uno mismo, y a partir
de ahí nuestra evolución como planeta cogería un nivel muy difícil de imaginar.
Probablemente
el lector haya llegado a la conclusión de que si la Tierra en sí tiene
conciencia, ¿cómo puede ella misma
actuar mediante nosotros por el camino que cree más correcto? Y es que
antes de llegar el ser humano su evolución la marcaba ella misma, con cientos
de años para realizar mínima mejora, sin embargo ahora todo es mucho más
rápido, punto muy positivo, pero aun así ella es quien sigue eligiendo su
camino. Y lo hace mediante el karma.
Si una parte consciente de la Tierra, o sea, un ser humano, no actúa en
beneficio de la Tierra (no entendamos la Tierra como árboles y animales y ya
está, hay que recordar que nosotros los humanos somos parte de la Tierra y de
la más importante, por lo que al decir la anterior frase también me refiero a
“si un ser humano no actúa bien frente a otro ser humano”) pues se le
“castigará” para que no siga actuando de dicha manera. No es un castigo en sí,
es un “desbarajuste de planes”, ya que el plan de dicho sub-ente no va en
consonancia con el plan global y único. Y ahora viene lo realmente bueno, y es
que si uno actúa en consonancia con la Tierra, todo lo tendrá mucho más fácil y
sencillo para conseguirlo, ya que la Tierra en sí quiere que lo consigas.
Nosotros a esto lo llamamos suerte o mala suerte, cuando realmente es elección
por parte de la Tierra.
Esta
idea de que somos la Tierra en sí misma, que no somos independientes para nada,
si la entendiéramos de verdad, no tendríamos los problemas del calentamiento
global, o las guerras en sí, porque aparte de ver en el prójimo que es uno en
mismo en esencia, también entenderíamos de que no morimos al acabarse nuestro
cuerpo, sino que si alguna vez morimos será cuando la Tierra muera, que es
quienes somos en realidad, por lo que actuaciones con un punto de mira mayor
que el del tiempo de vida de uno, o el de sus descendientes, estarían al orden
del día.
Por
lo tanto, si comienzan a haber una serie inmensa de desastres naturales que
hacen que millones de seres humanos pierdan su vida, será únicamente para
estabilizarse a sí misma, ya que nosotros la hemos desestabilizado al vivir en
la ignorancia del Yo como ser humano y ente separado del mundo, y no en la
verdad de Yo como parte de la Tierra.
Tras
leer esto, si el lector se encuentra ilusionado con esta idea, pero no ve la
manera de que se pueda hacerla entender al mundo entero, le haré ponerse en una
situación, y es que se imagine muchos desastres naturales, donde millones de
personas mueren, por lo tanto el problema de la superpoblación, y por lo tanto,
la dificultad de su organización lo arreglaría el propio planeta. Tras ello,
surge esta idea con gran ímpetu. Ahí sí tendría fuerza. Se conseguiría ver a la Tierra como los dioses de cualquier religión,
pero teniendo sentido a quién adorar. Y esta vez la mítica frase de que “Dios está en todas partes” tendría toda la
razón del mundo. Para conseguir una nueva forma de actuar se necesita de
una nueva visión, y ¿por qué no ésta?




¡Hola!
ResponderEliminarEste post es acertado y desde mis casi 51 años de vida en este planeta, te diría que has dado en la diana. Como dirían ciertos amigos: "Mitakouyasin". Esta palabra resume todo tu post.
Sigue así ;)
Bss from Gran Canaria.